Que se vayan

El 19 de febrero de 2002 sonó el teléfono de Herick muy temprano. Creo que no eran ni las nueve de la mañana. Yo dormía en la habitación de al lado. Compartíamos (junto con el expresident Joan Lerma) una apartamento en la Calle Ilustración de Madrid. Era un apartamento muy pequeño, y mi habitación estaba pegada a la de Herick. Me despertaron sus gritos. Herick Campos, Secretario General de Juventudes Socialistas de España, estaba llorando y gritando. Lo recuerdo perfectamente. Gritaba: “¡no puede ser! ¡no puede ser!, ¡cabrones!. Nunca había visto a Herick así. Nunca podré olvidar aquella mañana.

Lo primero que pensé fue que algo terrible le había pasado a algún familiar suyo, y entré en la habitación, supongo que para consolarle. Tenía la cara desencajada. Lloraba tanto que no podía hablar. Cuando se recompuso me dijo que le había llamado Gertru (la secretaria de Zapatero). ETA había colocado una bomba en el coche de Edu y estaba muy grave, no se sabía demasiado.

Recuerdo que Edu era un chaval majísimo. E intelegintísimo. Tenía 26 años y se encargaba de coordinar la acción de Juventudes Socialistas en los Consejos de la Juventud de Euskadi. Ya era brillante. Habíamos coincidido en muchos comités, era una persona que no pasaba desapercibida. Como tantos otros, se había afiliado a las Juventudes Socialistas. Como tantos otros paseaba su miedo por Sestao sin escolta pero sin vergüenza.

Eduardo Madina no murió aquella mañana, claro que no. Le tuvieron que amputar la pierna izquierda a la altura de la rodilla. Su madre sí murió, de un infarto, meses después.

Aquel verano de 2002 Edu vino a Valencia invitado por las Juventudes Socialistas del País Valenciano. Compartí con él una ponencia en la Escola d’estiu. Recuerdo su buen ánimo, su afabilidad, su bondad. Y también su infinita tristeza. Su voz apagada. Su lacónico sufrimiento.

Recuerdo el silencio de aquel día en la sede de Juventudes Socialistas de España. Recuerdo la cara de perplejidad de María, Ángel, Laura y Angélica cuando vimos en la televisión las imágenes del atentado, cuando vimos el coche de Edu hecho añicos. Recuerdo el nudo en el estómago cuando recorría con Salva Broseta las calles de Bilbao aquel fin de semana, aquella manifestación de repulsa, aquel interminable minuto de silencio, aquel desazón, aquel frío. Recuerdo cómo miraron con un espejo durante años los coches que utilizábamos. Recuerdo los escoltas de Dani, los escoltas de Carol, los escoltas que nos seguían por Bilbao. Recuerdo la seguridad en Barakaldo, en el congreso del centenario. Recuerdo cómo salía de un bar en Bilbao para hablar por teléfono y un escolta me pedía que no me alejara. Recuerdo cómo se le hinchaba el cuello a Lagar cuando hablábamos de todo aquello, de todo aquello que nos parecía tan estúpido y nos lo sigue pareciendo.

Recuerdo a mi padre llorando frente al televisor la muerte de Tomás y Valiente, y a mi amigo Toni De Miguel, que presenció aquel disparo. Recuerdo cómo lloré cuando escuché en la radio que habían matado, después de aquel tortuoso chantaje, a Miguel Ángel Blanco. Recuerdo la tristeza de la inauguración de la sala Ernest Lluch en el PSPV-PSOE. Tantos funerales, tantas víctimas, tantos homenajes, tanto vacío.

Esta noche de alegría por el fin de ETA me pregunto qué pasará por la cabeza de quien intentó matar a Edu aquella mañana. Me pregunto si sabrá que todo aquel sufrimiento que causó, que todo el sufrimiento que han causado los que han pretendido la violencia para algo, no ha valido para nada. Absolutamente para nada. Que se vayan. Y que no vuelvan nunca.

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  1. Me has hecho llorar, igual que llorè ayer frente al televisor. Es la mejor noticia en mucho tiempo.

  2. Prescioso relato, muy emocionante. Yo lloré también cuando lo de Miguel Angel Blanco, que no es por quitarle importancia ni gravedad a los demás crímenes, pero aquél caso me estremeció especialmente.
    Esta gente ha hecho el daño suficiente como para que yo me alegre con reservas, pues no me fío, amigo mío, no me fío nada, nada, nada.

  3. Gracias Marcos, un gran día, ojalá no tengamos que referirnos a esos energúmenos en presente nunca más, sino en pasado, para recordar el holocausto del que han sido capaces y poder evitarlo para siempre.

  4. Me enteré de la muerte de Miguel Ángel Blanco escuchando la cadena SER en casa de mi padre, lo recuerdo perfectamente. Me impactó muchísimo porque los días anteriores habían sido muy tensos, con aquel chantaje que le hicieron al gobierno de entonces, presidido por José María Aznar. El PSOE apoyó en todo momento al Gobierno de España, en la génesis de aquel macabro asunto, y en su exégesis.

  5. Mi blog está dedicado enteramente a él. Creo honradamente que tendríais que hacer piña dentro del partido, los que estáis arriba, para que se presente a las primarias, los militantes poco podemos hacer. Pero sobre todo, lograr que las gane, porque se lo merece.

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