A vueltas con el 15-M

Si en algo tuvieron -y tienen- razón los marxistas es en que la economía es el sustrato de muchas cosas. Y cuando una sociedad entera en vez de objetos o servicios se pone a especular con la compraventa de inmuebles es que la cosa se ha salido un poco de madre. Soñar está bien, pero especular es otra cosa. Tenemos más parados que en Portugal o en Grecia porque reciclar a albañiles que provienen de la construcción o a camareros que provienen del turismo, sin formación y entrados ya en la treintena, acostumbrados a cobrar salarios de bonanza, no es tarea fácil. Ahora todos lo veían venir, claro, pero lo cierto es que los europeos y los americanos llevamos ya algunos años intentando hacer algo para remediarnos. Caen los Gobiernos de media Europa y cunde la sensación de que la bienandanza de años anteriores no ha de volver jamás. Hay algo avinagrado en las tertulias de la radio que nos vuelve apáticos de buena mañana.

Los movimientos de indignación son lógicos –¿cómo no van a serlo, si no se solucionan los problemas de la mayoría de la gente?–, pero la crítica a los políticos a menudo viene acompañada de un discurso que resulta desconcertante. Y autoritario. Hay elementos, formas retóricas, que demuestran cierta dificultad de análisis. He escuchado a personas con una aparente formación intelectual defender el gobierno de tecnócratas en Italia por su agilidad. El General Pavía debió pensar algo similar cuando entró con la Guardia Civil a disolver el Congreso.

El otro día leí en la revista Letras Libres, que sigo desde su primer número hace ya diez años, una magnífica entrevista a Fernando Savater. Sin combatirlo abiertamente, veía al movimiento asambleario del 15-M como un artefacto amoral, un movimiento que jamás ha militado en la autocrítica. Claro, en España los políticos siempre son “los otros” y la moral es “lo que le falta a los demás”. Savater citaba a Adam Michnik, director de la revista polaca Gazeta Wyborcza. Michnik, cuando terminó el comunismo contra el cual había luchado y que le había metido en la cárcel, decía a veces: “Desengáñate: lo peor del comunismo es lo que viene después.” Es posible que ya lo sepan muchos en Sol: lo peor de Zapatero es lo que viene después.

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