Atreverse a aplicar más democracia

18/12/2013. Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Willi Brandt, una figura clave del socialismo democrático en Europa. Su máxima “Mehr Demokratie wagen” (atreverse a aplicar más democracia) conviene hoy al debate ideológico sobre el estado actual de la pugna entre ese par de fuerzas antagónicas que desde el fin de la segunda gran guerra determinan el ámbito de bienestar en el que vivimos 711 millones de europeos. warhol-andy-willy-brandt-41062-hEn la contienda entre el socialismo democrático de corte humanista y ese oxímoron en que ha devenido el liberalismo conservador irrumpe de nuevo el interrogante sobre el sentido de algunas de las instituciones democráticas. La crisis mundial  ha erosionado la percepción que tenemos de la justicia, de la política y del mercado. Al sur del viejo continente el eclecticismo de las derechas, apiñadas en torno a unas siglas comunes desde la larga noche del franquismo, pero tan diversas y dispares como siempre han sido, se desmoronan precisamente en el punto en el que alcanzan su cima parlamentaria.

El Partido Popular lleva tres décadas insuflando en la clase media esa dinámica de la culpa, de la mala conciencia y de la ansiedad que necesita para aplicar sus reformas y que sabemos descifrar gracias a Erich Fromm, Noam Chomsky o más recientemente Naomi Klein, entro otros muchos. El miedo está en el basamento de su idea primigenia del mando político, pero ahora cuentan con la oportunidad pintada calva de la crisis económica. Han enterrado su programa electoral y se han conjurado para acometer el programa de máximos que soñaron aquellos viejos franquistas que modelaron Alianza Popular con las cenizas calientes de la dictadura. Lean por gusto o disgusto el capítulo del programa electoral de Rajoy titulado “Una democracia ejemplar”, cuyo diagnóstico, como ha señalado Joaquín Estefanía recientemente, no se puede dejar de compartir. Decía en 2011 el PP: “Nunca se ha registrado un grado tan elevado de desconfianza hacia la política (…) La corrupción es una seria patología de la democracia. La lucha decidida contra la corrupción será un esfuerzo prioritario con un claro reflejo legislativo e institucional”. Sin embargo 45 diputados del Partido Popular han solicitado en Les Corts Valencianes el indulto al exalcalde de Torrevieja, condenado por corrupción. El PP tiene da cobijo ya a 100 imputados en Valencia.

Traspasado el ecuador de la legislatura la mayoría conservadora ha hecho sonar los tambores del miedo y ha presentado su proyecto de ley de seguridad dando rienda suelta a ese ultra que lleva dentro. Las empresas de seguridad privadas están llamadas a jugar un papel clave en el nuevo mando policial para restaurar el orden en medio de un supuesto caos que en todo caso ha sido alentado con políticas e incluso con provocaciones gratuitas.

En este desbaratamiento de las instituciones democráticas aparece otra señal de alerta: la ley de huelga disfrazada de servicios mínimos se gesta en paralelo a una ofensiva mediática que pretende debilitar a los sindicatos de clase. Al igual que en la era Reagan, el método para el control del “frente interior” consiste en aprovechar la recesión para reducir el gasto social, debilitar a los sindicatos y bajar los salarios. El modelo económico ultraliberal es uno y trino: la reducción del gasto social, la merma del prestigio sindical y la bajada de los salarios operan en el mismo plano del lenguaje y del pensamiento. El fiasco de las entidades de crédito y la pérdida de peso específico del sistema financiero valenciano es una dramática consecuencia de esta trinidad ultraconservadora.

Willy Brandt fue capaz de compartir gabinete de gobierno con un nazi. Tuvo que huir de Alemania para que no lo matasen, y regresó para formar un gobierno de coalición con quienes le habrían quitado la vida de haberlo capturado. La experiencia del socialismo democrático en España es distinta, pues nunca se han formado (ni probablemente se formarán) gobiernos de concentración nacional. Pero discurre en paralelo en algunos tramos: los represaliados y exiliados acordaron un pacto constitucional con sus represores. El espacio de concertación política son los parlamentos autonómicos (tan denostados por la derecha más radical) y las Cortes Generales (Congreso de los Diputados y Senado). Y por supuesto los Ayuntamientos, amenazados de muerte por la reforma local. La paz social no sobrevive sin ese espacio de concertación social y de diálogo con los sindicatos, con la sociedad civil, con las universidades y con los empresarios, con la oposición y por supuesto con el Gobierno que tiene como escenario las instituciones democráticas. Hay un problema de raíz moral cuando lo que se pretende es evitar el consenso político sobre cuestiones esenciales como la sanidad o la educación en las instituciones y acallar con chorros de agua las protestas en la calle.

El maximalismo del Partido Popular dificulta ese acuerdo básico que debe propiciar más bienestar y más calidad de vida para todos en que consiste la democracia. Los ciudadanos necesitan volver a creer en la política que está al servicio de las personas pues de lo contario se larva el huevo de la serpiente del fascismo. Es necesario atreverse a aplicar más democracia en las instituciones, en los partidos, en la justicia, en el mercado. Este es, sin duda, el reto de la socialdemocracia hoy. Feliz siglo, Willi.

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