El abrazo

Publicado en HortaNoticias (2/3/16)

Nos abrazamos cuando tenemos miedo, cuando dejamos que
exploten nuestras emociones, cuando celebramos un éxito importante. Se abrazan
los deportistas después de una buena jugada en equipo o los concursantes que
ganan un premio fabuloso. El abrazo surge como una necesidad ante la adversidad, se hace presente para poder sentir que no
estamos solos; y ante el éxito que nace de la colaboración y el esfuerzo de muchos aparece también, espontáneo.
Nos abrazamos cuando logramos una meta que parecía imposible, en una
explosión de afecto que invita al amor. Nos fundimos en un abrazo que esboza lo que somos y lo que vamos logrando, exorcizando miedos y dudas. El abrazo se vuelve imprescindible cuando todo amenaza nuestro alrededor, tornándose certeza física de protección: una puerta que se abre, por la que pasamos a una pantalla
diferente, más livianos.

El abrazo de Genovés contempla estos días la complejidad de
la política
española. Escribe hoy Enric Juliana en La Vanguardia que El abrazo
anima al acuerdo, estimula pactos e inspira centrismos. Y eso nos viene muy
bien. Ha reaparecido con fuerza porque nos dice lo que queremos oír. Parece como
si hubiera permanecido agazapado, esperando su momento para espetarnos de qué
va esto: “Hola, estoy aquí, soy el cuadro ese marrón de la transición, el de la
gente que lleva abrigos de cuéntame y pantalones de pana, los que se abrazan porque
están contentos, aliviados, oye, que no os volváis locos que no es tan difícil,
ya lo hemos hecho otras veces…”

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Para haber estado guardado tantos años, sale mucho en la televisión y en los digitales. Supongo que en la prensa clásica
también, hace semanas que no veo un periódico. Se vendían por cientos de miles en la transición, pero no puedes compartir su contenido ni dejar comentarios, un hándicap letal. El cuadro de Genovés presidió la firma del acuerdo
entre Sánchez y Rivera y desde entonces Instagram se ha llenado de selfis con El abrazo de telón de fondo. Ya
lo dice Elrubius: la fama en internet es “como extraña”.

El motivo de El abrazo sirvió para ilustrar carteles de la
Junta Democrática (Genovés fue detenido por ello) e inspiró el monumento que se
erigió en conmemoración de las víctimas de la matanza de Atocha, en enero de
1977. Es un icono de la transición, un símbolo de la unidad de las fuerzas
políticas en la construcción del estado social y democrático que se ha
desarrollado mientras dormía en el Reina. Ahora, reaparece. Podría ser un icono mundial: la crisis del sistema democrático no es un invento nuestro. Los gobiernos responden cada vez menos a las preocupaciones de la población que en teoría representan, y hay muchos estudios en este sentido que lo demuestran. Uno de ellos apunta que el centro está entrando en colapso. En Europa, los partidos tradicionalmente convencionales de la social-democracia y los conservadores se están debilitando, y lo que vemos es que aumenta el compromiso de participación hacia los dos extremos del espectro político, dice Chomsky.

Genovés pintó El abrazo tras la muerte de Franco, en 1976. Su
familia, republicana como tantas en Valencia, conoció el hambre y las cartillas
de racionamiento de la posguerra, también como tantas en Valencia. Lo compró un
coleccionista de Chicago que lo revendió al Gobierno. Lo embalaron y lo guardaron en el Reina. Allí ha estado treinta años,
hasta que el 7 de enero se coló en el Congreso con motivo del 35 aniversario
de los asesinatos de Atocha. Creemos que estará allí, al menos, durante treinta años más. 

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