En Rocafort quiere quedarse el día

Volvemos a agradecer, como ya hiciéramos en 2013 y 2014, a la Asociación Valenciana de Críticos y Escritores (CLAVE) por haber seleccionado a Rocafort para acoger la ceremonia de entrega de la XVII edición de sus premios. Unos premios necesarios que sirven para poner en valor la producción literaria valenciana. Es una enorme satisfacción escuchar de su presidente, José Luis Bedins, que Rocafort será sede permanente de los premios. Rocafort se convierte así en punto de encuentro de escritores y pensadores. Vuelve a ser un pueblo abierto a las ideas y al pensamiento. Vuelve a abrir su casa pública a la creación artística, a la reflexión, al pensamiento escrito y a sus musas, a la palabra.

Los ganadores de esta edición prestigian sus premios: Rafa Cervera, Antonio Praena, Lola Blasco, Chema Cerdeña, Adela Cortina y Francisco BrinesA todos ellos les ha sido reconocido su compromiso con la palabra, su valiosa contribución a la sociedad valenciana, a la que nutren con su producción literaria, y su compromiso ético y estético con la realidad de nuestro tiempo.

La literatura valenciana recibió ayer en Rocafort un reconocimiento justo de parte de sus críticos, esto es, de parte de quienes invierten su esfuerzo y su trabajo para que nosotros, el público, podamos descifrarla, apreciarla y valorarla. La dimensión sagrada de la literatura requiere también de sus ritos. Tal vez por eso el de ayer nos pareció un acto solemne y, tal vez por eso, nos enorgullece tanto que sea Rocafort el escenario de estos premios. Lo será en futuras ediciones: CLAVE ha seleccionado nuestro municipio para que sea sede permanente de los premios de la crítica valenciana.

Rocafort ya fue casa de acogida de poetas, escritores y pensadores hace 80 años. Por Villa Amparo, la casa de Rocafort en la que vivió el poeta Antonio Machado, se asomaron Max Aub,  Octavio Paz, Tristán Tzara, John Dos Passos, Juan Gil Albert, Ramón Gaya, o la inmensa María Zambrano, entre otros. Rocafort era entonces un bullir de poetas y pensadores como lo es hoy.

Es cierto que no vinieron hasta aquí por decisión propia. Huían, se escondían, perseguidos por sus ideas, por su arte, por sus libros. Esta visión atroz del artista perseguido ha dominado buena parte de nuestro siglo XX. Pero no es menos cierto que, pese a todo, los escritores encontraron aquí la paz y el sosiego que requiere, para germinar, la literatura.

Parece que en Rocafort quiere quedarse el día, como en el poema de Francisco Brines, y hoy vuelven a nuestro pueblo tantos escritores y pensadores contemporáneos, para contar su obra, para ayudarnos a contar el tiempo, para contar la vida. Quiere quedarse el día, porque estamos a punto de conseguir revertir Villa Amparo para su uso público, gracias al apoyo decidido de la Generalitat Valenciana y de su presidente, Ximo Puig, quien tiene la misma ilusión que todos nosotros en lograr que este edificio vuelva a ser la casa de los poetas. Machado fue feliz en Rocafort. No se me ocurre un lugar mejor para erigir un santuario a la poesía que la última casa que habitó Machado antes de partir, definitivamente.

Esa es la idea germinal que, con modestia pero con mucho tesón, queremos cultivar en el Ayuntamiento de Rocafort. Queremos volver a ser, ochenta años después, un escenario abierto a la literatura. Queremos que Villa Amparo sea sede permanente de creación literaria valenciana. Nuestra inmensa gratitud a CLAVE, a la Asociación de Escritores y Críticos Literarios de Valencia, por permitirnos una vez más revivir este sueño y por su impagable complicidad con este objetivo.

La literatura nos desvela nuestros sueños y nuestros anhelos. Habitamos el mundo de manera frenética y el ritmo de nuestras vidas no parece el terreno más propicio para la literatura. Se lee de modo diferente, en dispositivos diferentes, en contextos diferentes. Pero cada noche, cuando las luces se apagan y se detiene casi todo, Rocafort vuelve a ser ese espacio apacible y amable que cautivó a Machado. Les invito a perderse en nuestras calles, a charlar con sus gentes, a pasear apaciblemente por nuestra huerta, escuchando el discurrir lejano del agua de la acequia de Moncada, a visitar Villa Amparo y a contemplar la torre amurallada de Casa Bou.

Deseo de corazón que sean ustedes aquí, cuando vuelvan, igual de felices que Antonio Machado, que dejó escrito un bonito texto sobre nosotros y sobre nuestro pueblo, que dice:

“Esto es hermoso, muy hermoso. Es como un poco de paraíso, sobre la huerta flamean todos los verdes, todos los amarillos, todos los rojos, el agua roja de esas venas surca graciosamente y abastece el cuerpo de esta tierra. ¡Cuánto ha debido laborar el hombre para conseguir esto! Los valencianos están orgullosos de su tierra que no tienen que desgarrar sino acariciar con el mimo con que se besa a una muchacha. Esto que yo amo y admiro como una bendición”.

Deseamos muchos éxitos a la literatura Valenciana.

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